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Font: Laura Serra (text) | Valentin Vázquez (foto) | ara.cat
Només per atrevir-se a agafar la trilogia de les Comedias bárbaras de Ramón María del Valle-Inclán i adaptar-les en un únic espectacle de dues hores i mitja, el dramaturg i director Ernesto Caballero ja demostra valor. Perquè aquest monument teatral del segle passat requereix una companyia enorme -aquí, 21 actors i dos músics- i sobretot la valentia de desenganxar-se del magistral text de l’autor gallec i les seves extraordinàries acotacions per deixar sortir la bèstia teatral. L’espectacle que va aixecar el Centro Dramático Nacional (CDN), que dirigeix el mateix Caballero, va ser una de les fites de la temporada passada a Madrid. 
La trilogia conformada per Águila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) i Cara de plata (1923) es converteix aquí en Montenegro (Comedias bárbaras), perquè el protagonisme és per al personatge central d’aquesta nissaga de dèspotes i altius senyors feudals gallecs, pels quals Valle-Inclán sentia certa fascinació malgrat les seves maneres caciquils. “Don Juan Manuel Montenegro és un rei Lear gallec que és conscient que amb ell se’n va tot un món, un sistema de valors, una cosmovisió -explica Caballero-. Per això emprèn un viatge expiatori, conscient que el seu món es desfà i que ell, amb una conducta que no ha sigut tan recta com caldria, ha contribuït a deixar en herència als seus fills un nou món sense cap més valor que la corrupció. Els fills representen la cobdícia, la rapinya, la degradació moral”, descriu el director. I hi afegeix: “Un no voldria compartir aquest pessimisme de Valle-Inclán però aquí hi tenim un món que s’enfonsa, amb uns valors que ens semblen d’una altra època, i una realitat que emergeix que no és per tirar coets”, suggereix Caballero. 
Per dibuixar aquest viatge de redempció, el dramaturg ha optat per encetar l’epopeia amb la caiguda del cavall de Romance de lobos, l’aparició shakespeariana d’unes bruixes i una premonició de mort que fa que l’home s’embarqui cap a la casa pairal on hi ha la seva dona. Aquí és on evoca en un flashback els moments essencials de Cara de plata i Águila de blasón. “Valle-Inclán és l’autor de l’imprevisible, no es pot fer de manera literal”, insisteix Caballero. L’esperpent és, en essència, deformació de la realitat. Ell ha fugit del costumisme i ha optat per una poètica estilitzada i simbolista. L’escenografia, per començar, és un pont amb tres ulls, símbol de la transició del vell món a un de nou, i on bruixes, cavalls, meigues i ramats van a càrrec de “la capacitat suggeridora dels actors”. 
En contra del teatre burgès
“Valle-Inclán era crític amb el teatre de la seva època pel tractament psicològico-burgès dels personatges. Ell es vol saltar aquests esquemes, vol més grandesa, més èpica”. D’aquí que els seus personatges encarnin “forces primàries” que travessen “situacions escabroses”, en un teatre d’impacte i amb visions extremes de la realitat, com descriu Caballero. L’autor parteix de la tragèdia grega, passa per Lope de Vega i Shakespeare i alguns postulats wagnerians i acaba inventant un gènere propi, l’esperpent. Per això Caballero considera que Valle-Inclán s’ha de poder revisitar sovint en escena, com a gran renovador teatral del segle XX. El protagonista del muntatge, Ramón Barea, que interpreta aquest “heroi tràgic”, deia ahir que els actors han pogut jugar per un “univers molt suggerent”. 
El CDN torna a la Sala Gran després del Platonov que va dirigir Gerardo Vera el 2010 i enceta, amb Montenegro, un acord d’intercanvis amb el TNC. A Madrid s’hi podrà veure aquesta temporada la versió en castellà d’ El joc de l’amor i de l’atzar que dirigeix Josep Maria Flotats.


Fuente: Antonio Astorga (abc.es)
Setenta y siete años de la muerte de uno de los más grandes creadores de habla española, de rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba, Ramón María del Valle-Inclán. El comienzo de la vida del Marqués de Bradomín fue pletórico en riesgos y azares. Valle, el gran capitán lírica de la juventud española, como lo tributaría Rafael Cansinos Assens, fue hermano converso en un monasterio de cartujos, soldado en tierras de la Nueva España, una vida -se autoretrataba en su autobiografía- «como la de aquellos segundones hidalgos que se enganchaban en los tercios de Italia por buscar lances de amor, de espada y fortuna».
En la noche de Reyes, como es tradicional, la Fundación Valle-Inclán, presidida por Gerardo Fernández Albor, rindió su ancestral homenaje al escritor de Vilanova de Arousa. Fernández Albor, acompañado por el secretario Xeral de Cultura, Anxo Lorenzo, y el vicepresidente de la Fundación, José Juan Durán, realizo la tradicional ofrenda floral en el cementerio de Boisaca, ante la tumba del escritor fallecido en la capital de Galicia en 1936. Junto a ellos, también acudieron el alcalde de Santiago, Ángel Currás, diversos concejales, amén de representantes de los Ayuntamientos de Vilanova y Cambados para homenajear al santo padre del esperpento.

Esperpento, casticismo, aristrocracia

Según ha comunicado la Fundación Valle-Inclán, la entidad trabaja para la preparación de un gran programa de actividades con horizonte en 2016, con motivo de la conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Valle-Inclán. En la actualidad, esta fundación cuenta con una escuela de teatro centrada en las obras del escritor gallego y es responsable de la revista «Bradomín», de periodicidad semestral. Hace una década vieron la luz sus Obras Completas tras más de tres décadas de negociación. Espasa y las cuatro ramas de la familia consiguieron reunir, al fin, en dos tomos todo el «recado de escribir» del maestro de las palabras. En el primero está la prosa y en el segundo hay teatro, poesía, artículos y cuentos.
A Valle, que era uno de los personajes más fascinantes del 98, le persiguieron los censores por toda la piel del ruedo ibérico como a Edgard Allan Poe los cuervos, delineó Francisco Umbral, que estudió al creador enfundado en botines blancos de piqué, y que entendía el esperpento como «la aristocracia pasada por el casticismo».

Bradomín, inédito; celda, a la carta

Hace cuatro años, su nieto, Joaquín del Valle-Inclán Alsina, rindió homenaje a su padre, Carlos del Valle-Inclán, con la edición, que Espasa sacó a la luz, de un epistolario inédito (fechado entre 1895 y 1935), y la publicación de los textos «Sevilla», «La muerte bailando», «Bradomín expone un juicio», «La marquesa Carolina y Bradomín». Las cartas inéditas desmienten la «extravagancia» que le impuso Primo de Rivera a Valle, en cuya época fue encarcelado por negarse a pagar una multa. Cuatro días en celda a la carta, cuyo menú desvela en una misiva: «Tortillas y rosbif fiambre. Emparedados de queso, mermelada y ternera. Café en termo. Frutas buenas. Naranjas, plátanos y manzanas. Latas o botes para tener repuesto de azúcar, té y café. Jerez y sidra. Cerillas buenas. Servilletas».
«La idea -relataba Joaquín del Valle-Inclán Alsina a ABC- era homenajear a mi padre, Carlos del Valle-Inclán, hijo de don Ramón, que se dedicó toda su vida a coleccionar obras y objetos de su progenitor. Todas las cartas de Valle-Inclán él las fue comprando y recuperando desde imprenta, amigos, regalos... Logró hacer una excelente colección, y no sólo de cartas, sino de libros, fotografías... Tras el fallecimiento de don Carlos pensamos hacer una pequeña selección para un lector medio, para que se lea amablemente como literatura; no para especialistas. Para que se viese un poco la enorme tarea que don Carlos de Valle-Inclán realizó a lo largo de toda su vida».

Duelo y quebranto

Valle —asiduo al patio de La Granja del Henar— sufrió la pérdida de su brazo izquierdo en una refriega con Manuel Bueno, en el Nuevo Café de La Montaña, entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo. El señor Bueno le propinó un bastonazo a don Ramón con tan mala fortuna que un gemelo de su camisa se le incrustó en su extremidad, y causó una infección. Hubo que amputar, «como el puntazo de un torero».
Las crónicas de la época glosaban el avatar: «Ramón Valle-Inclán, un polémico sin remedio, pidió un café con leche y una botella de agua y se sentó a la mesa, donde se estaba dando conversación compuesta por el editor Ruiz Castillo, Jacinto Benavente, el cronista Manuel Bueno y el pintor Paco Sancha». Se discutía sobre un tema de rabiosa actualidad, el duelo entre un joven aristócrata andaluz, López del Castillo, y el caricaturista portugés Leal da Cámara, que noches atrás habían tenido sus diferencias en el Paseo de la Castellana sobre el valor personal de lusos e hispanos. El tema del honor hace que Valle se excite durante la conversación, y su voz destaque, como casi siempre, por encima de las de los demás. Pero Bueno alza la suya.
—¡Señores, todo lo que ustedes están diciendo carece de validez! ¡Leal da Cámara es menor de edad y no podrá batirse!
Valle, dolido, reprende:
—No zea uzted majadero, que uzted no zabe una palabra de ezo.
Bueno se levanta, da un paso atrás, toma su bastón con barra de hierro, y amenaza con él a Valle-Inclán, que empuña su botella de agua.
—¡Majadero! ¡Majadero!
Valle agarró una botella de agua por el cuello, como si manejase el as de bastos, y llenando de agua a todos, dio lugar a que Manuel Bueno descargara el bastonazo; pero con tal mala fortuna que le incrustó en la carne el gemelo del puño. Al día siguiente se gangrenaba la pequeña herida, y el médico dijo a Ruiz Castillo y a Benavente que había que cortar el miembro. Se consultó con don Ramón y éste dijo que sí, que lo amputasen, pero sin cloroformizarle. Hubo quien dijo que se afeitó parte de la barba para ver bien la operación, y se añadía con mayor exageración que se tuvo que rectificar y cortarle por más arriba, presenciando Valle el segundo corte operatorio saboreando un habano.
¡Uf, cómo me duele el brazo, le dijo a su amigo Benavente.
—¡Cá, Ramón! Ése ya no te dolerá nunca más.
El suceso fue primera plana durante semanas en las tertulias de los cafés de Madrid, que se dividieron en dos bandos, los valleinclanistas y los buenistas. Muy poco tiempo después, Valle citó a Bueno en el Café de la Montaña y, tuteándolo por primera vez, le espetó:
—Mire, Bueno, lo pasado, pasado está. Aún me queda la mano derecha para estrechar la tuya.
Todos los bohemios de la ciudad se rascaron los bolsillos para comprarle un brazo ortopédico al escritor.

Con la inteligencia no se juega

Otra delicatessen valleinclanesca. Cuando el maestro Julio Camba publicó «La casa de Lúculo» (suculuento menú literario, imprescindible) sus amigos le raptaron y el banquete de celebración fue una algarabía. Valle-Inclán, que en su brindis fue muy duro con Primo de Rivera, fue detenido en el mismo Hotel Palace, mientras profería en voz alta: Don Ramón del Valle-Inclán no se rinde...» Y en ese terrible y divertido ten con ten, un capitán le espeta:
-¡Don Valle, no me obligue usted, a quien tanto admiro, a que me lo lleve por la fuerza...!
-¡Si es por la fuerza me rindo incondicionalmente Pero ¡cuidado! ¡Con la inteligencia no se juega!, remató don Bradomín.


Estudiados en los libros de texto, son dos básicos de nuestra escena. Como un 'blazer' y un 'little black dress' en todo guardarropa que se precie. Esperpento y tragedia. Dos caras de la misma España negra y grotesca. Lorca y Valle-Inclán. Tanto monta, monta tanto don Federico como don Ramón. ¿O no? Si hay un consenso en declarar a Buero Vallejo como nuestro dramaturgo esencial de la segunda mitad del siglo XX, ¿quién de los dos ocuparía este puesto en el periodo anterior a la Guerra Civil?
Ambos han coincidido esta temporada en la cartelera madrileña. De Lorca, los Teatros del Canal exhibieron dos de sus obras más desconocidas y originales Comedia sin título y El público mientras que del gallego el CDN sigue agotando las localidades para Luces de bohemia, su obra cumbre. Su director, Lluís Homar, abrió el debate hace unos días en una entrevista concedida a El Mundo: "Luces de Bohemia es como la Biblia". Tranquilidad, no hay que ir confesados al María Guerrero. "Hay una espiritalidad laica en esta ella, como de ritual. Respetando a Lorca, la veo como la obra fundamental de nuestro siglo XX".
Obviamente, él es parte interesada, así que hemos preguntado al resto de la compentencia para ver por quién se decantan nuestros teatreros. Andrés Lima, cabeza pensante de Animalario que tiene sobre las tablas Elling (Teatro Galileo) y el Montaplatos (Teatro Español) lo tiene claro: "Yo soy 'vallisoletano' hasta la médula", dice con sorna. "Para mí, su obra es el mejor teatro que se ha escrito en la historia de España. Construye unos personajes a la altura de Shakespeare. Me gusta más porque su estilo esperpéntico, mezclando comedia y tragedia, es la esencia de nuestro país. Es más original que Lorca que, por supuesto, es un grandísimo poeta y un símbolo de la Guerra Civil".

Muy, pero que muy español

También José Sancho, a punto de estrenar su versión de Los intereses creados, de Benavente, se sube al carro del gallego. "Prefiero a Valle igual que en poesía prefiero a Miguel Hernández sobre Lorca. El granadino me parece muy estético pero don Ramón está más enraizado en la realidad y me parece más de verdad. Retrata la España de su época como nadie y es un país que no se diferencia mucho del que tenemos ahora". Precisamente, su siguiente proyecto tras Benavente, será un montaje de los Cuernos de don Friolera.
El dramaturgo Jordi Galcerán, quién ha triunfado este año con Burundanga y La fuga, también apunta al noventayochista como una figura más trascendental a la hora de estudiar el teatro del siglo XX español. "Literariamente, se puede discutir largo y tendido, pero me quedo con Valle-Inclán porque es más moderno y abre puertas a nuevas formas teatrales. Lorca, como todos los genios no tiene quien le siga. Es como Gaudí, nadie puede imitarle. En cambio Valle-Inclán abre caminos por los que luego transitar".

Algo en la piel

La victoria del gallego parece hecha pero aún quedan lorquianos de pro. Reconociendo que Valle-Inclán pueda ser un dramaturgo más complejo, el Premio Nacional de Literatura Dramática, Paco Bezerra que en breve estrenará a las órdenes de José Luis Gómez Grooming (Teatro de la Abadía) se desmarca de los vallistas. "Seguramente, Valle sea un autor mucho más completo y complejo teatralmente que Lorca, pero, qué duda cabe, la escritura de Federico tiene algo que se diferencia de la de cualquier otro dramaturgo español. Cuando uno lee a Lorca, la piel, los huesos y los músculos, se ponen en movimiento, hay algo que te atraviesa, que se te instala en el interior, se te agarra y te acompaña para siempre".
El director escénico Ángel Gutiérrez, máxima eminencia del teatro ruso en nuestro país y artífice de ese templo en peligro de extinción que es el teatro de Cámara Chejov, también pertece a los partidarios del granadino. Él lo conoce bien porque llevó a escena Bodas de sangre en EEUU. "En la Unión Soviética, a veces discutía con mi amigo el cineasta Andrei Tarkovsky sobre a quién nos llevaríamos a la luna: ¿Bach o Mozart? Esto es parecido. Valle-Inclán es una maravilla y hace años que tengo una idea para llevar al teatro 'Luces de bohemia', pero mi corazón está con Lorca y su poesía".
De hecho, no hay misión espacial planeada por España, así que no hay que fantasear con quién llevaríamos a la luna como hacían Tarvokvsky y Gutiérrez. La veterana Alicia Hermida, quien ha encarnado igualmente obras de Valle-Inclán (Divinas palabras) como de Lorca (Doña Rosita la soltera), no ve la necesidad de elegir. "Lo dos son los más grandes. Valiosos y modernos, aún son la vanguardia de nuestro teatro". Y punto.
Fuente: José Luis Romo (www.elmundo.es)