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Fuente: Sonia Vizoso (elpais.com) | Foto: Óscar Corral
En la cocina de su casa, Marta Pazos (Pontevedra, 1976) guisa obras de teatro. A fuego lento y en tiempos de bolsillos medio vacíos. Junto a los fogones de su hogar en Santiago de Compostela, sobre una amplia mesa acristalada y con las libretas salpicadas de sabores, esta directora y actriz, cofundadora de la compañía gallega Voadora, imagina, escribe, reúne a los actores, lee los textos, busca la música. En horario escolar, eso sí, porque las tres cabezas de este animal dramatúrgico son una madre -ella- y dos padres -Hugo Torres, su pareja, y José Díaz-. Donde hay niños, la bohemia debe esperar.
Es sobre la mesa de esa cocina del casco viejo compostelano, paladeando el “momento dulce” que vive su compañía de teatro contemporáneo -siete años y una docena de proyectos-, donde Pazos analiza cómo ese sueño ha logrado sobrevivir a los recortes presupuestarios y al IVA cultural. Voadora nació solo un año antes de la quiebra de Lehman Brothers, cuando empezó todo. “Reivindico que también en estos tiempos se pueden hacer las cosas, solo hay que buscar cómo. Yo aquí, en un sitio pequeño como Galicia, puedo hacer teatro de calidad a nivel europeo. ¡Claro que sí!”, proclama la cofundadora de una compañía que ha llevado a los escenarios creaciones como Super8Tokio 3 (cinco galardones en los Premios María Casares de 2013),Waltz, La Tempestad o Don Juan y que prepara ya Calypso, una reflexión sobre el ridículo.
Cuando su pareja, Hugo -un portugués perteneciente a una familia con la dramaturgia en los genes-, le propuso a Marta Pazos montar Voadora, ella tuvo claro que una compañía dirigida por solo dos actores no iba a ningún lado. Necesitaban un gestor, alguien capaz de darle viabilidad a sus creaciones. Ahí apareció José Díaz, un productor procedente del audiovisual que aplica “sus teorías del cine” al teatro. “Somos un monstruo de tres cabezas, nos complementamos muy bien. Hugo tiene ideas muy locas, es muy soñador, y nos lleva a hacer cosas muy divertidas. Yo tengo mirada pictórica, trenzo a los actores. Y José convierte en realidad nuestras ideas”, explica esta licenciada en Bellas Artes, que transitó de la pintura al teatro con el único precedente familiar de su abuela Dalia: “Ha trabajado toda la vida en el campo pero tiene una ironía y una teatralidad que seguro heredé yo”.
Voadora trabaja cruzando la raia, la frontera entre Galicia y Portugal. “Esta compañía son dos portátiles y un Ipad. Somos muy móviles. No queremos tener un teatro, queremos movernos en cada proyecto”. Depender de dos países también ha sido un salvavidas, sobre todo porque el vecino luso, castigado por una crisis económica aún más salvaje que la española, tiene un “nivel cultural altísimo” del que aprender. Como hacen sus colegas portugueses, que estampan los carteles de sus montajes con “mil logos”, Marta Pazos y sus compañeros buscan multitud de fuentes de financiación para sus espectáculos. En La Tempestad, una de sus últimas creaciones en cartel, una sorprendente puesta en escena de la obra final de William Shakespeare pasada por el tamiz del teatro contemporáneo pero respetando el texto original, recurrieron a todos los bolsillos posibles, incluido el crowdfundig. Sus mecenas son restaurantes que patrocinan la comida de los actores que vienen de fuera, peluquerías… “El dinero es un problema, pero viene y va. ¡Claro que hemos estado con el agua al cuello! Que tengas mucho trabajo no quiere decir que tengas mucho dinero. Pero te sientes feliz y, por tanto, también rica”. En Galicia, dice, gorgotea una “efervescencia cultural”, una eclosión de talento. “Las condiciones laborales son muy duras: diez veces más trabajo para ganar diez veces menos. Pero están saliendo productos culturales que triunfan internacionalmente”.
Esta directora y actriz se ha embarcado con su familia en una vida nómada, entre canguros y sacaleches. Su hija Olivia, de 5 años, está matriculada en un colegio gallego y en otro portugués, dentro del programa educativo especial que tiene la Unión Europea para artistas itinerantes, y, acostumbrada como está la pequeña a asistir a los ensayos de Voadora, hay que retenerla en la butaca cuando acude al teatro como espectadora porque quiere subirse al escenario. Su hermano Noel, de seis meses, creció en la barriga de su madre con La Tempestad en los escenarios. La compañía teatral con la que conviven estos dos niños también intenta promover el relevo generacional en palcos y plateas. Fue, como no, de Portugal de donde copiaron las peculiares guarderías que han creado para sus espectáculos, talleres infantiles sobre la obra que representan en donde los padres pueden dejar a sus críos mientras asisten a ella. “El teatro está en auge porque vivimos en un mundo donde no nos tocamos. Nosotros somos analógicos y la gente busca aquí el calor que no le dan las pantallas”.
Como creadora, a Marta Pazos le obsesiona encontrar la forma de captar la atención de ese espectador de hoy que mastica la cultura a través de la pantalla. Le gusta camuflarse entre butacas para estudiar la reacción del público; descubrir cuándo ríe, cuándo se sorprende. “Tomo nota y retoco la obra”. En La Tempestad, un montaje intenso que sumerge a espectadores clásicos en ese “planeta Voadora” de danza, magia e ironía, ha comprobado cómo llega un momento, siempre el mismo, en el que una persona del público, normalmente un hombre maduro, se levanta y se va. El próximo 12 de julio en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro volverá a poner a prueba su teoría.

Cuestión de gustos

1. ¿En qué obra se quedaría a vivir?
En Wish Tree de Yoko Ono. Escribes tu deseo en un pedazo de papel, lo atas a la rama de un árbol y esperas a que se cumpla.

2. ¿A qué artista de todos los tiempos invitaría a cenar?
A Jim Henson y a David Bowie, sería un precioso reencuentro entre ambos. Cenaríamos ostras encima de un piano y beberíamos champán hasta el amanecer.

3. ¿Qué encargo no aceptaría jamás?
Dirigir algo que me aburriese soberanamente. Me pongo de muy mal humor cuando me aburro trabajando. Por suerte esto no pasa casi nunca.

4. ¿Qué obra de teatro no pudo terminar?
Las ranas de Aristófanes. Un amigo me dijo que me veía dirigiéndola pero no conseguí acabar de leerla.

5. ¿Qué hizo el último fin de semana?
Actuar, visitar el Museo de Historia Natural con mi familia y devorar el último Macanudo de Liniers.

6. ¿Qué está socialmente sobrevalorado?
El éxito. Hay que reivindicar el derecho al error, fomenta la creatividad.

7. ¿A quién daría un premio?
A mi abuela. El Nobel de la generosidad, la lucha y la retranca.


Fuente: Marcos Sueiro (elmundo.es)
La villa ourensana de Ribadavia da vida al teatro. Durante una semana, y desde hace 29 años, la localidad gallega acoge una edición más de la Mostra Internacional de Teatro. En ella, uno de los pueblos más antiguos y mejor conservados de Galicia se convierte en un escenario gigante donde se suceden representaciones dramáticas que proyectan la antigua capital del Reino de Galicia en uno de los referentes nacionales del teatro clásico y contemporáneo.
Es precisamente esta dualidad la que reivindica su director, Roberto Pascual, cuando dice "somos un festival internacional que alberga propuestas clásicas y contemporáneas y los clásicos tienen que servirnos para despertar emociones actualizándolas".
La propuesta de la Mostra se concreta en 19 espectáculos, de los cuáles 13 son estrenos, durante una semana. La crisis no ha podido con el segundo festival más prestigioso de España, según reconoce la crítica y avalan los 15.000 espectadores que asisten a las diferentes representaciones programadas. Concurre la circunstancia añadida de que este año se cumplen 40 de la creación en la propia Ribadavia del llamado 'Teatro do Abrente', referencia inexcusable de los circuitos del teatro independiente español.
Bajo el paraguas de las onomásticas y con el apoyo institucional, tolerante en este caso con la disidencia ideológica, los espectadores están invitados a presenciar una serie de propuestas que "tienen vocación de satisfacer a la mayoría sin ir en perjuicio de la calidad". Ribadavia lo hace posible combinando espectáculos de teatro de calle, representaciones clásicas, formulaciones contemporáneas, exposiciones e incluso presentaciones de libros en iglesias cristianas reconvertidas en templos literarios.

La Zaranda, Premio Nacional de Teatro

La reducción de la propuesta escénica a la glosa de cuatro o cinco obras encierra una discriminación aleatoria salvo que su selección sirva como ejemplo de la variada propuesta que los programadores seleccionan para satisfacer los gustos de la mayoría. De este modo la dirección de la Mostra destaca producciones como 'El Régimen del Pienso' de la compañía La Zaranda, Premio Nacional de Teatro, y que se acerca a Ribadavia para hacer "una propuesta rigurosa, innovadora y que provocará la llamada de fans de todas partes de España".
En la misma línea, y como pieza canónica, se representa 'Julio César', "una obra castrense y muy masculina", dirigida por Paco Azorín. La obra cuenta con la interpretación de Mario Gass y Tristán Ulloa en la que se recrean las luchas intestinas por el control del poder.
Desde Argentina, la compañía Timbre 4, con la dirección de Claudio Tocalchir, presenta 'El viento en un violín'. Tras recorrer ciudades como Lisboa y Venecia, recala en Ribadavia donde los espectadores tendrán la oportunidad de ver el último trabajo de Tocalchir, un "gran director de actores que destaca por su dramaturgia, viva, fresca y por hacer teatro textual aunque muy contemporáneo en la temática", según recalca Roberto Pascual.
La literatura gallega también aporta la creación del prestigioso dramaturgo Candido Pazo, 'As do peixe' (Las de los peces), representada únicamente por mujeres y dirigida por Cristina Domínguez. La pieza narra la situación de conflicto que se vive en el sector de la pesca.
La diversidad de la cultura española se manifiesta también en la propuesta de los valencianos Xarxa Teatre, que llegan con 'Papers', un espectáculo profundamente mediterráneo, en el que la espectacularidad visual provocada por la luces y fuegos de artificio consigue captar la atención de los espectadores.
Al margen de las actos programados, la pequeña villa ourensana se convierte durante estos días en un reclamo turístico. Pendones y gallardetes recuerdan que Ribadavia se transforma en un escenario único y múltiple para el teatro. Sólo hay que acercarse al corazón de la comarca del Ribeiro para tener la certeza de que el teatro es verdad.
Fuente: Óscar Iglesias (www.elpais.com)

La persona encargada de formalizar los contratos “está de vacaciones”. Según testigos presenciales, fue la primera excusa del responsable de Industrias Culturais, Juan Carlos Fasero, a los actores que comenzaron el pasado lunes los ensayos de O profesional, la obra que abre el 5 de octubre la temporada del Centro Dramático, (CDG) cuyo elenco —Ernesto Chao, Rebeca Montero, Miguel Pernas y Rodrigo Roel— se conoce desde antes del verano.
 La ley establece 10 días para que el eontratante inscriba los documentos firmados en el Inem, si bien los actores tienen que estar dados de alta el mismo día que empiezan a trabajar. Para Fasero, “la normalidad es total”. “El contrato estará disponible con fecha lunes 3”. Sobre las dificultades de Agadic para ajustar los contratos al convenio de actores, su director no acabó de aclararlo: “Necesitamos los permisos de Función Pública, presupuestos y control financiero”.
Para antiguas responsables del CDG como Ánxeles Cuña, es “un disparate” que Agadic plantee la posibilidad de sacrificar el convenio en el teatro público. De otro modo, el primer director del CDG, Eduardo Alonso, critica la improvisación: “¿Toda una infraestructura como Agadic es incapaz de gestionar cuatro contratos?”. Ajustándose también a la legalidad, el sector aún digiere la reciente convocatoria de dos concursos de méritos —por el procedimiento de urgencia— para seleccionar a los nuevos directores de los departamentos de Política Audiovisual y Produción Teatral, con fecha del 30 de agosto y con tres días laborables para adjuntar currículum. Los contratos de los actores de O profesional, que a priori estarían disponibles el próximo lunes, empezaron a remitírseles ayer por la tarde.

Fuente: Diana Mandiá (www.elpais.com)
Bajo la luz fría de las barras eléctricas y sobre el escenario de ensayo de los últimos 18 años, 250 trajes diseñados para las obras de la compañía Teatro do Noroeste esperan comprador. La indumentaria de un Papa, varios cardenales, el vestido de novia de Susanna en As vodas de Fígaro (1994), cuatro uniformes militares de los años cuarenta —tres de ellos, reales— y otros dos de la Revolución Francesa, capas y vestidos más o menos suntuosos, como el violeta de brocados que lució la actriz Luma Gómez en Os Xustos, adaptación de la obra de Albert Camus, o el de la Medea del estreno (1987) son solo un pequeño ejemplo del inmenso armario que fueron llenando los 25 años de historia de Teatro do Noroeste y que ahora, víctimas de las urgencias económicas de la compañía, se ponen a la venta para pagar facturas de técnicos y actores y, además, soltar lastre. A partir de septiembre, el grupo teatral quedará reducido a su mínima expresión: sus fundadores y propietarios, Eduardo Alonso —que también fue el primer director del Centro Dramático Galego— y la prolífica Luma Gómez quedarán como únicos actores de una empresa ahogada por las deudas propias y ajenas. Su próximo espectáculo será un monólogo que se ensayará en el Arteria Noroeste de Santiago.
 La Xunta les debe dinero desde 2011, subvenciones de la Axencia Galega de Industrias Culturais (Agadic) y de giras por otras comunidades autónomas que se concedieron pero que todavía no han llegado a la cuenta de la compañía. La falta de liquidez les fuerza a renunciar también al local que desde 1994, primero junto a Teatro do Malbarate y después en solitario, acogió los ensayos y la oficina del grupo en A Pulleira, un barrio del norte de Compostela a medio camino entre el polígono industrial, con sus naves y talleres, y la aldea más rotunda, sementada de pastos y maizales. Los despachos ya están vacíos y sobre el viejo escenario en el que la compañía ensayó O último cowboy, — actualmente en gira por Galicia—, reposan las cajas de la ingrata mudanza. “Telas escénicas”. “Telón rojo”. “Zapatos”. Cada uno de los embalajes va marcado con una etiqueta que recuerda su contenido. En las perchas, lucen los trajes resguardados del polvo con una funda de plástico y ya clasificados mediante una pequeña ficha que incluye fotografía, descripción del tejido y la obra en la que se usó.
Ayer por la tarde, una furgoneta pasó a recoger parte del atrezzo y se lo llevó a un local prestado por la empresa de servicios técnicos que tiene contratada la compañía. Es una solución provisional porque el contrato de alquiler de la nave vence mañana y el local tiene que quedar vacío. “Nuestra idea es vender todo junto a una de esas casas que trabajan con teatros y cines”, explica Alonso, autor de muchas de las obras representadas por Noroeste en sus 25 años de vida, desde la adaptación de A Celestina. Comedia dos tolos amores de Calisto e Melibea (de 2000) hasta Imperial: Café cantante, Vigo 1936 (de 2006) oGlass City (de 2010). Los propietarios no han hecho ningún cálculo de lo que pueden valer los trajes y hasta admiten que seguramente aceptarán “lo que se ofrezca”, porque necesitan pagar deudas y porque, de lo contrario, el único destino de la ropa será la donación a la Escola Superior de Arte Dramática, a la que ya han cedido las escenografías de ImperialGlass City e Historias peregrinas (de Miguel Anxo Murado). La escuela no ha aceptado más por cuestiones de espacio. Algunos vestuarios más anodinos han acabado en la basura, como los de la adaptación de La Celestina: los amantes no eran dos jóvenes manipulados por el hampa en la Edad Media, sino un narcotraficante colombiano y una vendedora de flores que coincidían en las Rías Baixas. Teatro do Noroeste fue compañía residente de la histórica Sala Yago de la Rúa do Vilar de Santiago, cerrada desde 2007, y durante sus 25 años de historia llevó a escena a Shakespeare, Brecht, Camus, Méndez Ferrín o Cunqueiro.
“El Agadic se ha convertido en un organismo devastador. Te subvenciona pero después no te paga. No tenemos más remedio que rediseñar la compañía si queremos sobrevivir”, asegura Alonso, que insiste en que el castigo presupuestario aplicado a la cultura niega el futuro a los grupos estables con grandes repertorios. Luma Gómez usa el mismo argumento del ahorro como estrangulador de propuestas ambiciosas: “La Rede Galega de Teatros contrata cada vez más barato, sin tener en cuenta la calidad, simplemente para cubrir un espacio y, en ese sentido, nosotros no somos competitivos”, sentencia la actriz. A la Xunta la acusan de carecer de una fórmula clara para el teatro, una crítica que Alonso ya pronunciaba en tiempos del bipartito y de su Plan Galego de Artes Escénicas. “La falta de política también es una política”, sentencia el dramaturgo, que asume que Noroeste “sobrevivirá con lo mínimo, como una ameba”.

Escenografía a la venta

by on 15:16
Fuente: Diana Mandiá (www.elpais.com) Bajo la luz fría de las barras eléctricas y sobre el escenario de ensayo de los últimos 18 años,...
Fuente: Iago Martínez (www.elpais.com)

El Centro Dramático Galego (CDG) planea estrenar cuatro espectáculos a lo largo del próximo año y medio. Dos serán montajes convencionales, con cinco personajes cada uno: O profesional, de Dusan Kovacevic, yDías sen gloria, de Roberto Vidal Bolaño. La otra mitad, no tanto. As laranxas máis laranxas de todas as laranxas, de Carlos Casares, yTouporroutou da lúa e o sol, también de Bolaño, autor elegido para el Día das Letras Galegas de 2013, serán algo diferentes. Y no por tratarse de piezas infantiles, sino porque sus elencos tendrán el título recién estampado en la Escola Superior de Arte Dramática (ESAD) de Vigo. Esa es la novedad: serán intérpretes trabajando en un contexto profesional pero sin contratos profesionales. Becarios y becarias, en otras palabras.
En la Asociación de Actores y Actrices de Galicia (AAAG) y en Escena Galega, donde se agrupan compañías privadas, las alarmas saltaron a finales de julio. En cuanto tuvieron constancia del proyecto, en la última reunión del consejo asesor del CDG antes de las vacaciones, mostraron de inmediato sus reparos. No tienen nada en contra de que la Administración ayude a buscar salidas profesionales a los egresados, insisten ahora, pero no a cualquier precio. El convenio colectivo de las artes escénicas se aprobó en 2009 y no contempla la figura del becario.
La oposición de AAAG es “frontal” y así se lo ha comunicado por escrito al director del centro, Manuel Guede, a quien invita a “reconsiderar” su postura. Creen que la medida puede ser “ilegal” y constituir incluso “un fraude a la Seguridad Social”, y recuerdan que la Axencia Galega das Industrias Culturais (Agadic), de la que depende el teatro público, está obligada a cumplir la legislación laboral vigente. De momento, lo dejan ahí. La directiva que desde hace dos meses preside el ceense Toño Casais ha decidido darle una segunda oportunidad al consejo asesor. Si es lo que se supone que es, argumenta, a la vuelta del verano debería someter a discusión el proyecto. En Escena Galega la hoja de ruta es muy similar. Su negativa también está condicionada.
“Puedo entender el malestar o la preocupación del sector teatral, pero se equivoca”, replica por su parte Manuel F. Vieites, director de la ESAD. “Esto no se hace contra nadie ni contra nada, sino a favor de la incorporación de los titulados al mercado laboral y la legitimación del oficio, pero hay que verlo con perspectiva, no desde una óptica cortoplacista. Esta polémica es producto de la situación actual, de gran precariedad. Hace siete años no se habría dado. Lo que tienen que hacer las asociaciones profesionales es reclamar ayudas a la producción y el mantenimiento de los circuitos”.
A Vieites no se le escapa que el proyecto puede ser visto como una manera de “cuadrar las cuentas” en el teatro público, muy afectado por los recortes en la Consellería de Cultura y salpicado por la polémica destitución de Blanca Cendán el pasado marzo, pero asegura que Guede habría hecho lo mismo en cualquier otra coyuntura. “No le estamos sacando las castañas del fuego al Centro Dramático, sino todo lo contrario: es el centro el que nos las saca a nosotros”, explica. “Es un viejo proyecto que hasta ahora no se ha podido sacar adelante por distintas razones, pero siempre hemos querido contar con becas de este tipo, igual que los médicos tienen su MIR”.
Los egresados, según el director de la escuela, podrán enlazar como máximo dos becas de este tipo antes de “emanciparse” en el mercado laboral. En principio solo está dirigido a actores y actrices, pero no se descarta que en el futuro se puedan incorporar a las producciones del CDG, con el mismo régimen pero en calidad de ayudantes, los titulados en las otras dos especialidades que se imparten en la ESAD: Dirección Escénica y Dramaturgia, por un lado, y Escenografía, por el otro. “También intentaremos que los becarios puedan trabajar en las compañías privadas”.
La escuela se creó en Vigo hace ya siete años y cuenta con su propia compañía de teatro, que acaba de estrenar en la Mostra Internacional de Ribadavia una adaptación de Shakespeare, A tempestade, con 11 alumnos de interpretación dirigidos por su profesor Dani Salgado y otros seis docentes completando el equipo. Para poner en marcha este “proyecto pedagógico no comercial”, como lo denominan, el centro recibió una ayuda de 13.000 euros de la Xunta a través de Agadic. Este mes visita el Centro Cultural VilaFlor de Guimarães, en Portugal.

Los titulados crean su propia asociación

La Asociación de Titulad@s en Estudos Superiores de Arte Dramática (Atesad) se presentará oficialmente en septiembre, pero ya tiene gestora. La integran Fran Núñez, Antela Cid y Fran Peleteiro, presidente provisional. Dicen que no se sienten representados por los colectivos profesionales, a los que reprochan posiciones “muy alejadas” de sus intereses. Según sus números, pronto podrían contar con 200 socios.
En Atesad no solo habrá intérpretes, sino también directoras, escenógrafas, dramaturgos, docentes, gestores culturales y “cualquier otro profesional”. Para entrar en la Asociación de Actores y Actrices de Galicia, además de pagar las cuotas, es imprescindible tener contrato laboral en regla. Aquí no. Basta un título, bien de la ESAD, bien de otra escuela similar, siempre que sea equivalente, esté homologado y su titular resida en Galicia. Los objetivos son fundamentalmente dos, precisa Peleteiro en un correo electrónico: el primero, “que los asociados tengan trabajo”; el segundo, que éste “llegue a la ciudadanía”.
Atesad es la única plataforma que apoya el sistema de prácticas que prepara el Centro Dramático Galego, eso sí, como “complemento” a las producciones convencionales. “Los egresados necesitan realizar un tránsito a la vida profesional que no resulta fácil”, argumenta el presidente, quien también subraya la “coherencia” de la idea.


Fuente: Iria Ameixeiras (www.elpais.com)
Se acabó. El telón de Cee se ha vuelto de acero. La Mostra de Teatro —del 23 al 26 de agosto— baja las persianas y las lacra con una bosta y unas moscas. Así ponen los puntos sobre las íes a su última representación. El grupo Talía Teatro se hartó de “vagabundear”, de forzar la mano cerrada de la Administración, de “batallar” en los despachos. “Pero en la Xunta ni se van a enterar”, suelta Toño Casais, de la compañía ceense y presidente de la Asociación de Actores e Actrices de Galicia. Un cuarto de década de tirar del carro en una ciénaga y “volver a vender la vaca” una y otra vez. Es un aniversario agrio por una desaparición sobre la que llevaban meditando dos años.
En O rei aborrecido los vasallos tenían que tirar de ingenio para sacarle una sonrisa al monarca. Así empezó todo en 1988 y, si no se tratase de una obra para niños, cualquiera diría que Artur Trillo, director de la Mostra, adivinó entonces cuál sería el sainete entre instituciones y cultura. El ceense tenía 18 años y su experiencia se limitaba al escenario del instituto. “No había ningún tipo de pretensión, queríamos hacer un pequeño festival y fue quedando hasta la edición 25ª”. Lo que sí había era la intuición de que las cosas estaban cambiando. “Ahora no hay perspectivas, todo es caótico y carece de futuro”, arguye Trillo. Paralelamente, el grupo Talía, que se estrenó en la Mostra, se iba acomodando en los palcos de otros teatros, hasta hacerse profesional en 1996.
En los últimos años, la Mostra se sustentó con créditos personales, que corrían a cargo del propio Trillo. Era la única forma de conseguir las subvenciones de Industrias Culturais que obligaban a adelantar el dinero y justificar cada factura de antemano. La exquisitez de los requerimientos actuales, un gasto mínimo de 50.000 euros para festivales y una contratación artística de 15.000, fue la asestada definitiva. “Si tuviésemos capacidad de hacer frente a esos pagos, por qué íbamos a pedir una subvención”, se pregunta Casais. Por los mismos motivos, determinaron rechazar la ayuda de la Diputación. Para la edición anterior, el entonces alcalde, el independiente Ramón Vigo, imputado en la Operación Orquesta y destituido tras una moción de censura, les prometió una ayuda de 3.000 euros, pero no llegó a sacar la convocatoria. “Por dejadez”, esgrime el director de la Mostra. El actual gobierno local (PP) rinde cuentas con los 5.000 euros de este año. Junto al director de Ferroatlántica, Carlos Oliete, son los dos mecenas del festival, con un presupuesto de 10.000 euros.
La otra deuda es la de la Casa da Cultura. Lleva desde 1998 convertida en el sudario de Penélope, lo que se construía de día lo arruinaban las humedades de abril. La estructura, que durante años vivió bajo un armazón de hierros y ahora está prácticamente hueca a falta de 400.000 euros, obligó a la Mostra a reducir su aforo —unos 180 asientos— al salón de actos del Ayuntamiento durante los 14 años que dura su construcción. Parte del público tenía que dar la vuelta nada más entrar. Hasta tal punto que algunas sesiones se trasladaron al pabellón del instituto Agra de Raíces, con sillas de tijera para una hora en silencio.
La Mostra está concebida como un escaparate de la dramaturgia gallega. En su última edición hay 19 compañías, un día menos de teatro que los años anteriores, pero una función más por día. Un reparto ceñido a que algunas compañías van por los gastos, sin ánimo de lucro. Solo las sesiones vespertina y nocturna requieren entrada, tres y dos euros. Carrachanacacha estará el primer día con su interpretación “sinvergüenza” de Cipriano de Bequelar, después irán Caramuxo Teatro, Quico Cadaval, Tirita Producións o Talía, que cerrará la puerta tras de sí con su galardonada obra sobre el gallego. Toño Casais confía en que el fin de la Mostra soliviante los ánimos. El público no quedó muy contento en la pegada de carteles al ver que era la última función, y la regidora de Cee, Zaira Rodríguez, dice que el bastón de apoyo lo tendrán “siempre”. Cansados de meterse en el papel de gestores y tíosGilito, Talía se aferra a las tablas, que es donde mejor se mueve. Por eso recuerdan que su obra Pelos na lingua no quedará a merced de ningún barbero.
Fuente: Iago Martínez (www.elpais.com)


Si aceptase el pésame, tendría que dimitir mañana mismo”, tercia Toño Casais (Cee, 1976) al otro lado del teléfono nada más descorchar la conversación. Acaba de estrenarse como presidente de la Asociación de Actores e Actrices de Galicia (AAAG) en sustitución de Antonio DuránMorrisy sabe que es un momento duro para el gremio. Da igual el palo que se toque. Se mire para donde se mire, el sector tirita. “A pesar de todo, para mí no es una carga. Prefiero que me feliciten. Tengo muchas ganas de coger el timón y continuar el trabajo de Morris, que ha sido espectacular”.
Casais encabeza desde la asamblea general del pasado 8 de julio una directiva parcialmente renovada. Le acompañan Casilda Alfaro como vicepresidenta, Guillermo Carbajo como secretario y nueve profesionales más al frente de otras tantas vocalías: Camila Bossa, Alejandro Carro, Victoria Pérez, Lucía Regueiro, Mónica García, Vicente de Souza, Josito Porto, Déborah Vukusic y el ya expresidente Antonio Durán Morris. La mitad de los miembros se incorpora por primera vez.
“De momento tengo muy pocos enemigos, por no decir ninguno”, bromea el actor. “En parte, eso es lo que se busca en estos casos: una persona de consenso, no demasiado quemada, y un buen equipo como el que tenemos. De las negociaciones y las reivindicaciones siempre se sale con algún enfrentamiento, al fin y al cabo eres la cabeza visible, pero yo soy optimista. Los actores y las actrices somos gente muy civilizada, trabajamos en común y estamos más unidos que antes”.
Casais recuerda que el espíritu crítico y el teatro han sido indisociables a lo largo de la historia, aunque confiesa que la profesión carga aquí y ahora con un equipaje a menudo poco agradecido. “A todos nos gustaría estar menos en los despachos, que es la parte más árida de este mundo, y más en los escenarios, pero no nos dejan”, argumenta. “Sería más fácil si no tuviésemos que estar continuamente en lucha, pero es lo que hay. El teatro es un derecho y nos lo están quitando”.
Queda poco para que Alberto Núñez Feijóo agote su legislatura, voraz en el recorte del gasto público en cultura, y el sector de la interpretación arrastra materias pendientes desde el primer minuto. Casi todas tienen que ver con facturas pendientes de pago, subvenciones bajo sospecha permanente, falta de apoyo institucional y apreturas presupuestarias como las que han dejado el Centro Dramático Galego (CDG) convertido en una caricatura de lo que solía ser.
“Puede parecer que el único problema del teatro es el dinero, pero no es cierto”, apura el actor. “Las dificultades que padecemos se derivan una mala administración política. Antes se regalaba teatro en cualquier pueblo, todo gratis, y ahora queremos cobrar de golpe 10 euros por espectáculo. Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena y esto no funciona así, y menos ahora, con los problemas económicos que tiene la gente. Es una cuestión de educación, más lenta”.
Casais todavía no tiene hoja de ruta, pero sí una filosofía rotunda: “Romperemos cuando lo haga la otra parte; mientras tanto, seguiremos por la vía del diálogo, y no nos vamos a cansar nunca. Manifestarse cada dos por tres puede llegar a ser negativo para nosotros, así que estaremos donde nos corresponde, sea en la plataforma de las artes escénicas, sea en el consejo asesor del CDG”.
La profesión confía en tener un protagonismo especial el próximo año, al calor del Día das Letras Galegas que la Real Academia Galega dedicará al dramaturgo Roberto Vidal Bolaño (1950-2002), pero no tanto como para competir con la “incineradora de fondos públicos” instalada en lo alto del monte Gaiás. “La Cidade da Cultura es obscena, peor que un insulto: hay que cerrarla y listo, cada uno para su casa y que crezca la hierba. No hacen más que dar palos de ciego”.
Ni siquiera el flamante Plan Gaiás, que propone restar espacio al Arquivo de Galicia para dárselo a un nuevo vivero de empresas culturales, convence al presidente de AAAG. “Eso es como alquilar naves en un polígono industrial para ahorrar dinero, no le veo la utilidad”, despacha. “Construir el mamotreto fue caro, y darle sentido también va a serlo. Soy el primer interesado en que acierten, ojo, y me encantaría que este plan fuese la solución definitiva. Fe, eso sí, no tengo ninguna”.


Cuando el escritor Manuel Rivas creó su relato A lingua das bolboretas, poco podría imaginar que este pequeño cuento acabaría teniendo una adaptación teatral de éxito en un país tan remoto como Kazajistán. Pero tampoco lo hubiese imaginado el actor y dramaturgo Álvaro Guevara, artífice de esta representación a través de Teatro do Andamio, la compañía que fundó en A Coruña. Guevara realizó hace años una adaptación del libro donde él mismo llega a representar hasta diez personajes diferentes. Con ella partió de A Coruña, viajó por Argentina, su país de origen, y ahora acaba de representarla en mayo en Aktobe, una ciudad de unos 350.000 habitantes al norte de Kazajistán, a 17 largas horas en coche de Astaná, la capital de este inmenso país que es el noveno del mundo en extensión. En el teatro regional de Aktobe, con capacidad para 350 personas, acaba de hacer seis funciones y en todas se agotaron las entradas a pesar de su arriesgada propuesta.
“En la embajada me dijeron que no había constancia de que ningún director español pasase antes por allí. Hubo un gran interés mediático en televisiones y periódicos”, confiesa todavía sorprendido Álvaro Guevara, que hace diez años montó en A Coruña su compañía. Tan buena acogida tuvo la representación de A lingua das bolboretas, que Guevara recibió inmediatamente un encargo de mayor enjundia: dirigir la obra de Lorca La casa de Bernarda Alba. “Dirigí un teatro de repertorio con un elenco de 30 actores estables, algo que aquí ya es inviable, y con un perfil de una disciplina muy estricta”, explica. La obra lleva un mes en cartelera, parará en verano y se retomará en septiembre, a razón de dos funciones por semana. “El teatro siempre está lleno porque ellos tienen una gran tradición lorquiana y teatral que les viene de la antigua Unión Soviética”, reflexiona Guevara.
La historia de cómo Álvaro Guevara (Buenos Aires, 1953) llegó a esta joven república euroasiática, independizada en 1991 y situada entre Rusia y China, es una mezcla de azar, encuentros del pasado y sobre todo años de trabajo sin arrojar la toalla en una profesión por la que siente devoción. “Estudié teatro con una beca en San Petesburgo y despúes de terminar nunca había regresado. El año pasado me llamaron para un reencuentro de antiguos alumnos y celebrar los 25 años del final de carrera y ahí empezó una nueva vida”, recuerda el actor y dramaturgo. En esa cita se reencontró con su viejo camarada Yemins Kalviekov, que ahora dirige el Teatro Regional de Aktobe, y allí le realizó una propuesta para hacer la representación en ruso, idioma que Guevara domina. “Lo tenía tan olvidado que ya no recordaba si lo hablaba o no”, bromea con su acento argentino.
Y eso que en su paso por San Petesburgo, entre 1981 y 1986, todavía con la URSS vigente, conoció a la que hoy sigue siendo su compañera, Tatiana Likhacheva, y en esa ciudad nació su hija Anastasia. Las dos son parte importante también de la compañía Teatro do Andamio, que tiene su sede en A Coruña, donde recalaron en 2002. Después de estudiar en San Petesburgo, Guevara pasó por Madrid, Santiago y Buenos Aires, tratando de desarrollar sus proyectos como actor y dramaturgo. “En 1986 salí de la antigua URSS, pero mi mujer y mi hija no podían salir. Estuve visitándolas cuando podía hasta 1991”, relata Guevara. Con la llegada al poder de Gorbachov y la apertura que supuso la Perestroika, pudo reunir a su familia y trasladarse a Buenos Aires, su ciudad de origen. “Allí nos fue bien artísticamente pero mal económicamente y decidimos volver a Coruña donde montamos nuestro teatro con una finalidad ante todo didáctica y con mucho éxito de alumnos”, explica.
Después de años de lucha en el mundo del teatro, “sin aspirar a tenér chalés y Mercedes” como le gusta decir, su profesión le abre un nuevo camino en la República de Kazajistán, un país que con poco más de una década de independencia vive un momento de eclosión amparado por los recursos generados en sus envidiables reservas de gas y petróleo.
“Está siendo una experiencia fascinante con unas posibilidades de futuro inmensas. He descubierto un país joven, emergente y en eclosión frente a una Europa que se hunde”, reflexiona Guevara sobre este “mercado teatral que se abre inesperadamente”.
De momento ha cerrado ya actuaciones en Vilnius (Lituania), en Omsk, en la región de Siberia, y cerca de San Petesburgo, con diferentes espectáculos destinados al público infantil. Después de Buenos Aires, San Petesburgo y A Coruña, la vida de Guevara y su familia parece predestinada a seguir de gira permanente. Contrariamente a la agonía escénica que vive en Galicia, el teatro en Kazajistán parece tener futuro."A pesar de que llegues con 27 bajo cero y en un mes te vayas con 27 sobre cero, aquí hay posibilidades”, sentencia Guevara, siempre con la maleta a punto.
Font: Alfonso Pato (www.elpais.com)


Con la escena sometida a un fraccionalismo de raíz económica, resultado de unas políticas más ajenas que nunca, gente había a las puertas del Teatro Rosalía de Castro, el pasado martes, simulando esperar discursos prerrevolucionarios. Teatreiros, pocos. “Todo es tan cutre, tan cutre...”, lamentaba uno de los escenógrafos menos cutres de España. “Y es que son muy rancios”.
Sobre la alfombra roja, antes de la gala de los XVI Premios María Casares, respondieron el superconselleiro Jesús Vázquez y el responsable del negociado cultural, Anxo Lorenzo. Cuestiones de política cultural: cómo se despide a una directora del teatro público —tres directoras en cinco años— 15 días después de presentar la temporada, o si el hecho de que la escena pida la dimisión del responsable de Industrias Culturais, el ausente José Carlos Fasero, da que pensar.”Cuando hay cambios, hay una renovación de los equipos para que un conselleiro pueda trabajar con uno de la mano, conjuntamente, en favor de la cultura”, dijo Vázquez. “Eso pregúnteselo a la ex directora del Centro Dramático”, agregó Lorenzo. “Las cuentas las lleva la responsable del centro de producción”. Por estatutos, en realidad, el responsable de los números es el gerente de Agadic. En diferentes guarniciones, Industrias Culturais —fast hero, Fasero y yo— estuvo allí. Sin excesos. Como las alusiones a la destrucción en los centros nerviosos del paisaje o la desprotección del idioma, también en TVG. O el rostro humano del empresariado gallego en el mensaje de Patricia de Lorenzo, mejor actriz principal por Citizen Total, la obra de Chévere que reconstruye un éxito personal con los pies en la tierra: “A todas las mujeres que cosen para levantar el imperio Inditex y que hoy, abandonadas, sienten rabia ante las noticias de éxito de Amancio Ortega”.
Los celebrados sketches de la compañía Obras Públicas no incluyeron desajustes de última hora. Alguna discusión para abrir el palco de autoridades del Rosalía, por ejemplo, al no comparecer el alcalde coruñés, Carlos Negreira. Estaba invitado, pero a esa hora decidió acompañar el Paso de la Piedad en su debut como cofrade.
El tardío triunfo de Chévere, la compañía residente de la desaparecida Sala Nasa, con su Citizen Total (premio de honra Marisa Soto a la Nasa y cinco jarras, entre ellas las que nunca recibió Chévere: dirección y espectáculo), fue el resumen de la gala. “No estamos ciegos”, improvisó después el director, Xesús Ron, que llamó a hacer “teatro entre todos”. La primera admonición fue cosa de Morris, el presidente de los actores. Fue él quien invocó, ante un atrezo de ruina, el teatro pobre de Jerzy Grotowski. El polaco que aclaró en los 60 que para hacer teatro bastan dos cuerpos: un actor y un espectador. Por si acaso, valga el cierre musical de los María Casares: “No valemos para otra cosa que para estar aquí”. De la fijación por el origen se ocupó, entre otros, Evaristo Calvo, mejor actor por Oeste solitario. Aludiendo a la antigüedad del teatro, el más político de los antiguos géneros: “Vosotros sois muy jóvenes y hacéis chistes sin gracia; si no tuviérais el público cautivo que tenéis, os iríais al carajo enseguida”.
Fuente: Óscar Iglesias (www.elpais.com)
Una valla publicitaria dentro del escaparate del establecimiento de mobiliario Sirvent, en Vigo, lleva varios días llamando la atención de los transeúntes de la Gran Vía. El soporte anuncia el alquiler de cuatro metros cuadrados del escenario del Teatro Camões de Lisboa durante los días de representación de la obra Perda Preciosa, a cargo de la Compahia Nacional de Bailado, los próximos 19 al 22 de abril y del 27 al 29 del mismo mes, durante los 90 minutos de duración de cada función. La inserción de teléfonos de contacto, un portal inmobiliario y un blog con información sobre la iniciativa aportan pistas al receptor acerca de la veracidad del mensaje.

El anuncio no solo es absolutamente real, sino que forma parte del comienzo de Miedo Escénico, el nuevo proyecto del artista Javier Núñez Gasco (Salamanca, 1971), quien lleva varios años trabajando con compañías de artes escénicas portuguesas. Para la realización de Miedo Escénico ha acordado con la gerencia del teatro y con la dirección de la compañía lisboeta la cesión en usufructo de esa franja de espacio y tiempo autorial escénico, para su posterior alquiler a terceros. Esta fase inicial de promoción de su propuesta le ha llevado a Arco 2012, a la Casa de las Conchas de Salamanca y, hasta hoy, al Espacio Sirvent de Vigo, como parte del programa de actividades de su centro cultural, la nueva vocación de la firma.
Y algunos ofrecimientos ha ido recogiendo en este período: una bodega pretende embotellar en el escenario una edición especial de uno de sus vinos, un grupo de rock propone grabar un videoclip, una empresa comercializadora de ostras sugiere abrir los moluscos mientras los actores trabajan para venderlos al público en el intermedio o al final de la función. El anfitrión vigués, Luis Sirvent, ha pensado organizar una excursión de doce personas a la capital portuguesa y pagar la renta de 250 euros por cada función para sentar en el escenario a los visitantes, quienes disfrutarían así de la representación desde una situación privilegiada. “Podría llamarse La especulación del arte”, bromea el empresario. En los próximos días, mientras esperan la llegada de más proposiciones, los directores artísticos del montaje y Núñez Gasco decidirán quienes pisarán las tablas.
Las ideas de micromecenazgo, crisis, intercambio de roles entre artista y espectador y exploración de los límites de las artes escénicas se cruzan en el hecho ideado por Núñez Gasco y que documentará con la toma de fotografías y vídeos durante esos días. “Miedo Escénico cuestiona el espacio y la temporalidad, que no define el artista sino los agentes, alude al mercado y sus transacciones económicas y habla del público, que participa construyendo la obra misma”, explicó la crítica de arte Agar Ledo durante la presentación del proyecto en Sirvent, el jueves pasado. “Lo que pretendo es sacar el teatro fuera del teatro, que es algo que me ha interesado siempre”, reflexiona el artista. “Creo que esta vez equivale a pedirle a un pintor una parte de su lienzo”.
Fuente: Teresa Cuiñas (www.elpais.com)

Se alquila un teatro

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Una valla publicitaria dentro del escaparate del establecimiento de mobiliario Sirvent, en Vigo, lleva varios días llamando la atención d...
Dos capítulos con argumento teatral y censura en el cierre sacudieron ayer el mundo de la escena. La directora del teatro público, Blanca Cendán, fue destituida por Cultura, según explicó, por ceder el Salón Teatro de Compostela para que la profesión festeje, el próximo día 27, el Día Mundial del Teatro. Los amantes de Leo Bassi, con un espectáculo programado en Santiago que ya vendía entradas, se quedan sin ver al payaso, según el ayuntamiento santiagués, por “criterios globales de reprogramación”.

 “Me parece un ataque a la libertad”, censuró Cendán. A las justificaciones de la ya exdirectora del Centro Dramático Galego (CDG), que improvisó, sola, una rueda de prensa en una cafetería, respondió Cultura. Sin aclarar el motivo del despido: “No vamos a entrar a valorar de momento las causas que motivaron su destitución”, comunicó la Consellería. “Pero rechazamos rotundamente las razones esgrimidas por ella para justificar su despido”. En una escueta nota de prensa anuncia, además, que el CDG “contará con una nueva dirección para promover las artes escénicas”.
“Si a la directora del Centro Dramático la despiden por ceder el teatro a la gente del teatro, apaga y vámonos”, insistió Cendán, que retoma su trabajo de actriz con una sensación de liberación: “Vuelvo a ser cabareteira”. Fue Juan Carlos Fasero, el responsable de la Axencia Galega das Industrias Culturais, quien le entregó la carta de despido. Cuando Cendán le preguntó por qué, Fasero contestó, según ella, que el teatro público “no puede prestar instalaciones para un acto reivindicativo”. El gerente de Agadic, cuyo cese ya fue reclamado por el grueso de la profesión teatral al poco de su aterrizaje, tampoco dio explicaciones sobre la destitución de la directora del CDG.
En el limbo quedan, entre otras cosas, la programación que Cendán presentó públicamente, con seis meses de retraso, hace 15 días —As furias, montaje de Andrés Lima sobre obra del estadounidense Neil Labute —. “Hablaré con Lima para decirle que, en principio, no se va a hacer”. La Consellería no aclara si el CDG montará producción propia este año, si bien anuncia que el teatro público “contará con una nueva dirección para promover las artes escénicas”. No dicen cuándo. Teniendo en cuenta que el CDG vivió un año descabezado entre la destitución de Cristina Domínguez y la elección por concurso público de Cendán, la profesión no se hace ilusiones. Y endurece las críticas ante el posible desmantelamiento, por abandono, del CDG. “La actitud de Fasero es gravísima”, criticó Salvador del Río, de Escena Galega. “Habría que remontarse muy atrás para encontrar algo así”. Más sintético fue Iván Prado, de Pallasos en Rebeldía, intermediarios de Bassi en Galicia: “Esto es una llamada de atención para todos. Cuando hay censura, estamos en peligro”.
En la revisión apresurada de sus dos años al frente del CDG, que dieron de sí la Salomé de Carlos Santiago y A ópera dos tres reás, el mayor éxito de público del teatro institucional, Cendán aprovechó para criticar las restricciones. El presupuesto se redujo más de un 60% hasta los 400.000 euros de este año. Una producción de formato reducido como la prevista para este año, de siete actores, no cuesta menos de 250.000. “¿Qué sentido tiene el CDG si no es capaz de hacer una producción al año?”. De momento, lo único cerrado es la programación del Salón Teatro hasta junio.
Cendán no ocultó sus simpatías por el exconselleiro Roberto Varela y su escasa sintonía con Fasero. También hizo un llamamiento a la profesión, con la que mantuvo una relación no exenta de críticas: “Pido que estén conmigo. Si tienes dos centros de producción [en referencia al rebajado Centro Coreográfico], hay que dotarlos mínimamente, no podemos dejar que los políticos decidan los presupuestos de la cultura unilateralmente. Tenemos que luchar, no pueden desmantelar la cultura. El CDG lo hemos ido creando durante 25 años, y merecemos un respeto”.
Nadie duda en el oficio que el Día Internacional del Teatro —27 de marzo— y la gala de los María Casares —3 de abril— “deberían superar” los niveles de acidez de los noventa. Lo más reivindicativo, este martes, será la presentación de una plataforma escénica que da cabida a todos los colectivos del sector. “Estamos a la intemperie, así que lo haremos en la calle”, dice Del Río. “No teníamos previsto reventar nada”, bromea Antonio Durán, Morris, de la Asociación de Actores. Las reivindicaciones ahora son más. “De todos modos”, añade, “yo creo que, entre los desencuentros y la falta de presupuesto, aprovechan para plantear un cierre temporal del teatro público agarrándose a cualquier disculpa”. La crítica del director y dramaturgo Quico Cadaval, Premio das Artes Escénicas en 2011, es más transversal: “La mezcla entre lo público y lo privado los conduce a estas confusiones innecesarias. A querer decir esta es mi finca”.
La confusión afecta también a Leo Bassi, que no actuará el próximo 10 de abril, a pesar de lo previsto, en el Teatro Principal de Santiago. El acuerdo estaba cerrado y las entradas a la venta, pero hace 20 días el Ayuntamiento cambió de opinión y canceló la cita. En realidad, la actuación no le costaba nada. Solo cedía el espacio y la taquilla. Lo que aduce ahora el gobierno local, “criterios globales de reprogramación”, no es lo que piensa el clown: “El PP me censura porque ha recibido presiones políticas y eclesiásticas. Es un escandaloso atentado contra la libertad de expresión”.
El “excéntrico humorista italiano”, como lo definía todavía ayer el Ayuntamiento en su web de promoción turística, vincula lo sucedido con su polémica aparición en la Universidad de Valladolid en octubre y la posterior querella de HazteOir.org y la Asociación de Abogados Cristianos, archivada este mes por el Tribunal Supremo. “Me acusaban, entre otras cosas, de haber dicho algo que sabe cualquier experto: que la catedral de Santiago es la continuación de un culto druídico más antiguo”, explica. Los denunciantes consideraban, literalmente, que “atacaba los dogmas más importantes del cristianismo y del catolicismo, dándolos por falsos”.
Leo Bassi parece sorprendido por el cambio de criterio. “Como estoy preparando un nuevo espectáculo para el año que viene”, explica desde Hamburgo, “pensé en llevar a Galicia una antología de las cosas que he hecho en la última década. Se titula The best of Leo Bassi y es el menos crítico de mis trabajos más recientes, así que no lo entiendo. Acabo de llevarlo a Ourense con éxito y no ha pasado nada”. La gira incluía una escala en A Coruña, otra ciudad gobernada por el PP, blanco habitual del payaso italiano, promotor de www.ppleaks.com, un portal contra “el partido de la corrupción y la mentira”. La función, dice, también se ha caído, pero “el acuerdo era solo verbal” y prefiere ser prudente. En Santiago tiene “constancia”, sin embargo, de que ha sido vetado. “Son oscurantistas, no entienden la libertad de expresión ni la convivencia laica”.
Bassi no descarta “eventuales acciones judiciales”, aunque quiere entrevistarse antes con el edil de Cultura. Advierte, en todo caso, de que actuará en Santiago sea como sea: “No me causa ningún daño económico porque no recibo subvenciones, pero no voy a darles esa satisfacción”.
Fuente: Óscar Iglesias/Iago Martínez (www.elpais.com)