Fuente: Marta Caballero (elcultural.es)
Hace unos meses, cuando Juan Diego Botto estrenó Un trozo invisible de este mundo, obra semi biográfica que habÃa escrito y que protagonizaba a las órdenes de Sergio Peris Mencheta, ya anunció una vuelta al teatro social. Las triquiñuelas de los bancos, la mala sombra de los polÃticos, el horizonte desolador de las calles... empezaban aquellos dÃas a subirse a la escena independiente. Desde entonces, la cosa ha ido a más. Tanto, que el actor ha decidido tomar las riendas de este "momento excelente para la escena". Invocando al espÃritu de Mayo del 68 -"si el parlamento se hace teatro, el teatro debe hacerse parlamento"-, se pone al frente de la Sala Mirador de Madrid, para la que ha programado una temporada urdida al hilo de lo que todo lo que está pasando y con el teatro social, la poesÃa y la toma de conciencia como máximas.
Le une a la sala que ahora va a dirigir un antiguo vÃnculo personal, la vecina escuela de actores de su madre, Cristina Rota.
Asà es, empecé en la sala cuando la escuela de teatro se trasladó ahÃ. Entonces tenÃamos una compañÃa, Nuevo Repertorio, y convivimos durante cuatro años. Luego aquello terminó y yo me fui distanciando, aunque tenÃa una relación natural de pasarme por allÃ, de acudir a la escuela...
¿Por qué regresar ahora y como jefazo?
Tomé la decisión al calor de la enorme actividad teatral que está produciéndose en Madrid. Me dieron muchas ganas de estar de este otro lado, me parecÃa un buen momento y un buen lugar, con este patio, con esas casi 160 butacas... Pensé que una sala asà no podÃa estar al margen de lo que está pasando.
Y va a darle personalidad propia, una identidad muy clara.
SÃ, llego con entusiasmo, con mucha gente involucrada y con un proyecto definido para este momento teatral apasionante. Es importante que el espectador sea consciente de esa personalidad propia que tiene que ver un cariz social importante, en el sentido de abrir las puertas del teatro a la calle. Si hay un momento para el teatro social es este, y queremos hacerlo con ese espÃritu de Mayo del 68 que decÃa que si el parlamento se hacÃa teatro, el teatro debÃa convertirse en parlamento. La frase es muy pertinente por todo lo que estamos viendo, esa cosa vacua de nuestro Parlamento, esa teatralidad, esa suma de soliloquios en la que no se produce el diálogo. Se trata, como decÃa Lorca, de buscar un espacio donde dialogar con risa o con llanto.
¿Esa vuelta al teatro social ha ido a más los últimos meses?
SÃ, cada vez hay más, es inevitable. Los jóvenes dramaturgos hablan de lo que tienen a su alrededor, uno no puede evitarlo. Si en los 80 hablabas de la Movida lo normal es que hoy mencionemos a nuestro amigo desahuciado, a nuestra hermana en el paro... En esta lÃnea se mueve uno de los espectáculos con el que abrimos la temporada, El rey tuerto, una comedia de dos parejas que quedan para cenar. Uno de ellos tiene el ojo morado y se descubre que ha sido por una pelota de goma. Y el otro es moso de escuadra...
¿Se conforma con dar otros puntos de vista o aspira a la acción del público una vez abandone la sala?
Las ambiciones de lo que logremos producir son mesuradas. No creo que vayamos a cambiar el mundo pero sà dejaremos planteadas cuestiones, dudas, lugares desde los que uno no habÃa mirado. Además de teatro, habrá humor, como el de los miembros de la revista Mongolia, danza, un espacio para la poesÃa por el que pasarán Sabina, BenjamÃn Prado, Luis GarcÃa Montero...
¿Qué tal van de presupuestos?
Uy, no existe tal cosa, vamos fatal. Esto es un poco de guerrilla, esperando que la gente venga para poder pagar a los que vienen. Ya no contamos con ayudas públicas, esto es tirar para adelante y esperar que las cosas salgan bien. Ahora ya no pegamos carteles, pero confÃas en que las redes funcionen. Sacaremos de donde podamos y tenemos el apoyo de la escuela, de la que somos vecinos y que nos ayuda arrancar.
Todo esto coincide con el estreno en Barcelona de Un trozo invisible de este mundo. La pieza que usted escribe y protagoniza ha hecho una buena temporada. ¿Feliz?
Ha ido mucho mejor de lo que podrÃa esperar. Pensé que funcionarÃa en Madrid pero nunca que tuviera gira, porque surgió como algo muy urgente. No imaginé el éxito del público ni las buenas crÃticas. Lo del dÃa 12 en el Lliure es un premio extra, porque ha sido mi referente teatral, la vanguardia del teatro en nuestro paÃs.
Además de la temporada teatral arranca la temporada polÃtica... con más madera, más papeles y mensajes y titulares que vienen cantando que hay 31 parados menos. ¿Cómo lo ve?
Muy mal. El panorama es desolador, tenemos un menos cien en cuanto a transparencia. No importa la dimensión de los escándalos porque parece que nada es suficiente para generar una dimisión. Me da la sensación de que hasta que la responsabilidad penal no actúe, la responsabilidad polÃtica no contará, da igual los errores que cometan. En cuanto a honestidad democrática, al parecer no importa que se incumpla el 90 por ciento del programa elegido, el contrato no se rescinde jamás. Y en lo económico inauguramos el curso con más recortes, como el de las pensiones, a las que van a desvincular del IPC. Eso como último regalo. Y el gran acto de heroÃsmo son esos 31 parados menos...
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